IMPERIALISMO VERSUS INTERNACIONALISMO- A-Diez

Desde el mismo momento en que triunfó la Revolución Cubana Fidel tuvo claro que defender la revolución era enfrentarse al imperialismo. Por eso, era necesario acudir al llamamiento de Argelia, de Angola, del Congo...

Sabía que el imperialismo no es el resultado casual de un momento histórico ni la acción de élites sin escrúpulos. El imperialismo es el resultado necesario del capitalismo. Es el poder global del capital. Como diría Sartre: un sistema de servidumbre y de explotación. No funciona sin colaboradores, sin cómplices a los que promete cuotas de saqueo a cambio de mantener a raya a sus propias poblaciones, a nosotros.

Desde la acción y desde el pensamiento, como antes hiciera Martí, pero también Marx, o Rosa Luxemburgo, o el propio Lenin, Fidel supo desenmascarar la lógica del Capitalismo: la guerra imperialista. Primero se hace la guerra para la explotación y luego se explota para hacer la guerra.

En la segunda declaración de La Habana en 1962 Fidel se preguntaba ¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, Africa y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?

Para Fidel la naturaleza del imperialismo no era un misterio. Sabía que con el imperialismo no se convive, que es ilusorio pensar que los imperialistas puedan en algún momento dejar de serlo. Decía, parafraseando a Martí que había que llamar al imperialismo por su nombre, es decir: imperialismo.

Que había que hacerle frente, como a las picúas, no darles la espalda nunca. Los retrocesos que se están viviendo hoy en algunos países latinoamericanos como Brasil o Argentina, y la furia con la que el imperio arremete contra Venezuela, Bolivia o Ecuador, le dan la razón.

Sabía que un país soberano no puede ser tolerado por aquellos que para sobrevivir necesitan vampirizar todos los recursos del planeta, ya sean naturales o humanos, pero también culturales e ideológicos.
Es necesario localizar y entender las formas que adopta hoy en día la explotación imperialista, o dicho de otra forma, la economía capitalista.

Hay que dar la batalla cuerpo a cuerpo, como hacía Fidel, descubriendo y desbaratando las intenciones del capital, frustrando su lógica implacable y destructiva. Se lo debemos al comandante.

Hay que saber identificarlo como hizo Fidel para poder enfrentarlo, para encontrar los ámbitos de acción política que sean realmente una oportunidad para abrir una fisura revolucionaria.

El capitalismo no es reformable. El imperialismo tampoco.

El imperialismo se nos presenta como el orden normal de las cosas. Habitamos en la catástrofe como si no existieran responsables, como si no pudiéramos hacer nada, vencidos y convencidos por la impotencia. Pero como sabemos todos los que estamos aquí, Fidel y Cuba supieron sustituir esa pedagogía de la catástrofe por la pedagogía de lo imposible: El internacionalismo.

El internacionalismo es una de las lecciones heroicas de Fidel y el pueblo cubano. Es la continuidad de la guerra popular contra el imperialismo.

Decía Marx en el 18 Brumario hablando del pueblo francés que “La revolución social del siglo XIX no podía sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir”. Fidel a través del internacionalismo, de la lucha por la liberación de otros pueblos, proyectó el futuro de la revolución cubana.

Trazó una senda por la que transitar hacia las revoluciones del siglo XXI, las que tendremos que hacer nosotros. “Ser internacionalista –dijo- es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”.

Fidel y el pueblo cubano se enfrentaron al imperialismo en el campo de las ideas y la cultura tanto como en el campo concreto y material de la lucha armada. El internacionalismo opera como la síntesis de ambas batallas.

No hay certezas, hemos de construirlas sobre el análisis de nuestras realidades inmediatas y de las experiencias legadas, como hizo Fidel. La única certeza es la necesidad de enfrentar el imperialismo, la determinación y la voluntad como armas más poderosas que cualquier tecnología jamás inventada.

El internacionalismo cubano no puede, no debe, ser olvidado jamás, es nuestro deber mantenerlo vivo como el legado más preciado de Fidel y su pueblo en lucha. Pone en relación los sufrimientos y las resistencias de los pueblos generando los nutrientes indispensables para cualquier proceso revolucionario.

Tergiversar el internacionalismo cubano ha sido una constante en los medios de comunicación, precisamente porque ponía en evidencia ese pillaje y ese saqueo imperialista. Donde los imperialistas sembraban explotación y ruina Fidel sembraba solidaridad. El imperialismo trata continuamente de reescribir y silenciar la historia de Cuba y el internacionalismo. Porque la historia del internacionalismo es la historia de las victorias cubanas. Es el mal ejemplo cubano que nos dice que no se puede ser libre si no se es soberano y que no se puede ser digno cuando no se lucha por los demás.

Fidel, como los combatientes de Angola, murió luchando contra el racismo, contra el apartheid, contra el fascismo.

Murió luchando por la independencia y la soberanía. Murió luchando por el derecho al bienestar y el desarrollo de todos los pueblos de la tierra. Murió luchando para que no existieran hambrientos, mendigos, enfermos sin médicos, niños sin escuelas, seres humanos sin techo o sin alimento.

A nosotros nos corresponde continuar su lucha antiimperialista.

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